EL LIBERTADOR

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Tratan y tratan de convencerme de que lo que hago está mal, ¡que les jodan! ¿Asesinato, muerte antinatural? ¡Si es lo más natural del ser humano! Desde siempre el hombre ha matado por venganza, odio, desesperación o placer. La historia está manchada de sangre y, ¿aún quieren convencerme que es antinatural?

Otra vez pescado para comer, ¡qué asco! En esta puta cárcel no saben cocinar, ya sea pescado, carne, sopa; todo sabe a cenizas y encierro. Todo sabe a opresión. ¿Reintegración? ¿No ven la belleza detrás de todas esas mentes puras que siguen sus más puros instintos y matan, roban y agreden, cuando y como quieren?

¿Cómo me voy a arrepentir si lo que hago es liberarlos? Soltarles las cadenas que los atan y abrirles las alas para que vayan a un mundo donde la realidad no esté cargada de limitaciones. ¿Quién es libre dependiendo de un avión para poder volar?

¡Mierda, tengo que salir de esta celda! Ejercicio por las mañanas, reuniones por las tardes, ¡qué asco!. ¿Para qué? ¿Para ver a través de la valla hacia donde no podemos correr? ¿Para ver a través de la valla toda esa libertad que jamás volveremos a alcanzar? ¿Para ver a través de la valla que al menos aquí dentro estamos un poco más seguros del resto de la humanidad?

Pasan caras, pasan ojos, pasan cuerpos… todos vacíos, todos con faltas, todos inseguros. Yo les ofrezco una nueva oportunidad, una nueva libertad, que se eleven sus almas a un punto que jamás alcanzarían aquí.

¡Qué graciosa la expresión de ayer! Ella me miró con miedo, desde lejos, pero yo veía en sus ojos, en lo más hondo, ocultándose detrás de la repugnancia, una pequeña fascinación.

“¿Qué sentirá cuando está matando?” -seguro que se preguntaba-. “¿No te pesan en la conciencia todas esas muertes?”.

 ¡¿Qué va a pesarme otorgar libertad?! Sacarlos de este mundo podrido que nos ata y dejar a las almas volar.

Yo les ofrezco poder y en vez de agradecimiento, ¿qué me dan? Gritos y más gritos, siempre gritos, una mirada desfigurada por el horror. Deberían agradecerme, yo, su liberador. Pero no, todos le temen a ese ser tan bello que a todos nos llega, antes o después… ¿Qué mal hago? Yo, sufridor, que me quedo en este mundo solo por ayudar, por enseñarles el camino.

     “Hijo, ¿te arrepientes?”. “¿Qué ves en esta imagen?”. “¿Sientes ira?” “Cuéntame sobre tu infancia”. “¿Sientes deseos de matarme?”.

Cuando salga de estas cuatro paredes decoradas con barrotes, por donde nos enseñan la poca libertad que nos queda fuera; todos me escucharán, sabrán y entenderán que la muerte por asesinato es la más natural de todas, la que de verdad caracteriza al ser humano y le dota de libertad y pasión. La Belleza en estado puro. Yo lo llamaría arte.

 

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