CRISIS CREATIVA.

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Todo en su cuarto vibraba con una extraña presencia. Apretó los ojos. “Todo es obra de tu imaginación, siempre igual, nunca me dejas descansar” pensó. Pero sentía una energía cada vez más cerca, casi rozándole, y algo mirándole casi a un palmo de su cara. Se apretó más a sus sábanas y abrió un ojo. Unas llamas encerradas en dos bolas de cristal le miraban pegadas a lo que parecía una cara. Gritó y empujó con todas sus fuerzas a la criatura que tenía delante, pero no se movió ni un centímetro en cambio, la agarró como un saco de patatas, luego la tiró hacia una esquina de su cuarto, y en vez de caer sobre el suelo duro, no sintió nada que la frenara. Tuvo la sensación de caer durante horas antes de aterrizar en algo blando, vio bajo suyo un espacio indefinido cubierto de lo que parecían colchones viejos.

– Espera, espera… ¿Colchones? – Dijo ella mirando hacia arriba.

– Tengo sueño, ¿vale? – Le contestó una irritada escritora. – Además tu historia ya me está aburriendo.

Todo en su cuarto vibraba con una extraña presencia. Apretó los ojos. “Todo es obra de tu imaginación, siempre igual, nunca me dejas descansar” pensó Pero sentía una energía cada vez más cerca, casi rozándole, y algo mirándole casi a un palmo de su cara. Se apretó más a sus sábanas y abrió un ojo. Unas llamas encerradas en dos bolas de cristal le miraban pegadas a lo que parecía una cara. Antes de que pudiera hacer nada unas garras se le clavaron en el cuello y toda la cama se llenó de sangre.

– Yo no querer hacer esto. – Protestó la bestia enfadada. – ¿Por qué yo no poder jugar con ella?

– ¿Qué os pasa a todos hoy? ¡Dejadme escribir tranquila!

– Pero si yo jugar todo ser más divertido, ¿no? Y así yo tener amigos ¿no? Nunca poder hacer amigos, siempre matar, romper, siempre malo, ¡yo no querer más eso!

– No, tú eres una bestia solitaria y mortífera.

– Siempre ser igual. – La bestia enfadada dio un golpe contra la cama y el cuerpo desangrándose aún cayó al suelo manchándolo todo.

– ¡Ya me has destrozado la imagen! pues tú tampoco apareces en la historia.

Se veía una calle solitaria, no se sentía ni el más mínimo murmullo. Todo estaba en calma pero al fondo se veía a un hombre tirado en el suelo, muerto.

– ¡Eh! ¿Quién ha matado a ese hombre? ¡Se suponía que pasaba en un rato, primero tenia que explicar la historia!

– Me ha insultado, a mí y a mi familia, y todos por aquí saben que conmigo nadie se mete. – Un vaquero estaba sentado en un porche sacando brillo a un revólver.

– Me da completamente igual con quién se ha metido o dejado de meter, ese hombre aún no debería estar muerto.

– A veces eres demasiado quisquillosa, ¿no? Pues mira, di simplemente que un vaquero fuerte y guapo lo mató por honor.

– Pero eso no es una historia ni es nada, ¿no te dije que salíais, os peleabais, él gritaba y entonces le matabas?

– Se… pero tardabas mucho. – Escupió a un lado y miró hacia arriba con fingida indiferencia.

– ¡Pues a ti también te borro!

En aquel enorme prado habían muerto muchos inocentes, los vikingos habitaban allí desde hacía cientos de año, eran sanguinarios, nada les paraba, en aquel enorme prado unos vikingos tomaban tranquilamente un té.

– No me jodáis… ¿Qué hacéis?

– Hallo! Wie…

– Nonono, vosotros tenías que estar matando a gente, ¿Qué hacéis?

– Tomar té, relaja bastante, ¿Quieres? Te vemos tensa.

– Vale, pues ya no escribo más hoy, cuando queráis hacerme caso hablamos, ala, tomad té, tu reina loca, sálvale la vida a alguien, y el bueno que mate a alguien, anda. Otro día ni empiezo a escribir. Adiós.

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