LA HORA DEL TÉ.

51a4986c-7c92-41aa-baa4-117790e88b34

Una niña jugaba en el jardín. Cuando pensamos en un niño jugando, casi siempre nos imaginamos risas, un no parar de correr, saltar y el niño en cuestión hablando solo. Ella hablaba sola, pero no había risas. La niña estaba sentada en una pequeña mesa con cuatro sillas, ella estaba sentada en una y las demás estaban vacías, encima de la mesa había tazas, una tetera, pasteles y comida de plástico. Cristela le hablaba a una de las sillas vacías, refunfuñando.

– ¿Por qué no te vas a jugar fuera, cariño? Eso me ha dicho mi madre. ¡Siempre es lo mismo, Teresa! – Delante de ella una forma oscura empezó a crearse. Parecía una larga túnica negra que sostenía una guadaña, daba la impresión de ser enorme, tenía los brazos extendidos mostrándose todo lo imponente que sabía.

– Teme, oh, mortal. Pues tu alma quedará subyugada a mi hoy y no tendré piedad ni… – La niña lo miraba con curiosidad y desafío a la vez. – Eso, grita ante mi aparición…

– ¿Quién eres? – La niña seguía sentada pero con las manos en la cintura y con intención de regañar. – ¿No te han dicho que no puedes entrar en casas que no sean la tuya? Este es mi jardín. – Dijo la niña con cierto orgullo. – Y esta es mi mesita de té. – Esto lo dijo sin demasiada alegría. – Esta es mi amiga Teresa. – Señaló a la silla vacía.

– ¿Teresa? Pero si es un demonio con un lazo en el cuerno.

– ¿Demonio? No le escuches Teresa, estás muy guapa. – Teresa levantó la cabeza con gesto indignado y le dio la espalda a la muerte. – Mi tía tiene una carta donde sales tú. – Se sentía importante por saber aquello, las demás niñas no tenían tanto conocimiento como ella. – en el tar…taro.. tarom. – Dijo con convicción. – Y todos se asustan, pero yo no te tengo miedo. No tengo miedo a nada. – Terminó con retintín.

– He venido de la más profunda oscuridad a llevarme, oh, ser mortal, tu al… ¿Me estás escuchando?

– ¿Quieres jugar al parchís? Es que a Teresa le apetece jugar al parchís.

– ¡¿Pero a ti que te pasa?! Vengo aquí, hago el esfuerzo de venir en persona, me estudio toda esa perorata que se supone que he de decir, ¡me lo he trabajado! ¿Para qué? ¿Para qué ni te inmutes? ¿Para qué me digas, ven, vamos a jugar al parchís? Para eso no vengo, hay mucha gente muriéndose, ¿Te crees que no tengo trabajo? Nadie valora mi trabajo. ¡Nadie se alegra de verme!

– Ven, siéntate y toma un té. – La niña le echó té invisible en una de las tazas de plástico y se lo acercó. – La muerte se sentó avergonzada.

– Gracias… lo siento. No quería ponerme así, ha sido poco profesional.

– Mi mamá también viene a veces enfadada del trabajo. – La muerte bebió del té invisible de la niña, e intentó relajarse un poco. A los pocos minutos empezó a sentir que se ahogaba, apenas podía mover el brazo derecho de la túnica y la guadaña se le cayó al suelo. Miró a la niña con pavor, no tenía ojos, solo oscuridad dentro de una túnica, pero desprendía miedo por todas partes.

– Mi mamá dice que te llevas gente, y también dice que no me vaya con desconocidos.

– ¿Has envenenado el té?

La madre llamó a la niña para ir a comer, ella se levantó y se fue corriendo dando saltitos, Teresa lo miró compasiva y se le acercó, con una voz que sonaban a muchos gritos a la vez, le dijo.

– Tranquila, aquí no se está tan mal.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s