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Día 32.

Me han vuelto a cambiar de celda. Es la que me gusta. Ambas tienen las paredes de cristales y resbaladizas para que no pueda escalar, pero esta tiene una rampa que me permite salir del agua y que los rayos de sol sequen mi caparazón. Mi celadora me trae comida una vez al día, a veces cada dos. Muchas veces después de comer se me queda observando, yo le devuelvo la mirada con todo el odio que tengo dentro, ella al notar eso se aleja de mi celda y me mira medio escondida desde una puerta lejana, pero sigo viéndola. He llegado a la conclusión que han escogido a la más inútil para vigilarme, me siento realmente insultada.

Día 34.

Ayer fue un día realmente ajetreado, estuvieron lavando fuera de mi celda. A veces, para castigarme me tiraban agua encima y no temían mis miradas. Decidí que era el último día que pasaría allí. Nada me detendría ya. Puse todas mis fuerzas en escalar, casi conseguía llegar a la cima cuando salió ella. Fue inesperado ya que jamás sale a esa hora y me pilló. Me escondí rápidamente en el caparazón y ella se río en mi cara. Que humillación, parece que disfruta viéndome encerrada. Acto seguido me dio esa asquerosa comida que me dan siempre y me miró a ver si comía. Un día escaparé y acabaré con ella.

Día 37.

He pasado un par de días contemplando el exterior. Ella ha venido y me ha sometido a tortura. Se sentó cerca de mi celda y empezó a preguntarme sobre el porqué del universo. ¡Si cree que se lo voy a desvelar va lista! Aunque por un momento he estado a punto de soltarlo, ¡no se callaba!, que si la inutilidad del mundo, que si el caos del universo y nuestra obsesión con ordenarlo… Que perdida está.

Día 40.

He estado preparando el plan, ahora sí que sí, me voy. Se les han caído un par de ramitas en mi celda, y me he apresurado a esconderlas, puedo fabricar algo con esto. He esperado a escucharla cantar, ahí estaba con sus berridos, sé que en esos momentos está tan concentrada con sus canciones que no se fija en nada. Me he hecho una liana y he escalado hasta salir. Sigilosamente he entrado en la casa y con devoción suicida me he tirado escalón a escalón hasta llegar a la calle, he sentido la libertad cerca de mí, al fin voy a poder explorar.

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