MALENTENDIDOS HISTÓRICOS

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Unas hermosas vistas se extendían ante él, y el estómago le dio un vuelco por el vértigo. Desde allí se podía ver todo el valle. Impaciente miró a sus espaldas, esperando ver algo que le frenase las ganas de saltar al vacío. ¿Otro intento fallido de acabar con su vida? Observó de nuevo las hermosas vistas que se extendían ante él ¿Será éste el sitio perfecto para morir? Comenzaba a disiparse la angustia que lo había llevado hasta allí cuando escuchó detrás suyo.

– ¡Salta! ¡Salta! ¡Salta!

Se giró y vio a un señor. Era un señor muy anciano, con una larga barba lisa blanca que le llegaba hasta el pecho, cejas muy pobladas de aspecto fiero y ojos alegres y claros. Un aura dorada le rodeaba y una aureola flotaba sobre su cabeza. Daba palmitas y vitoreaba mientras le animaba a saltar. Era Dios.

– ¿Estoy muerto?

– Aún no. Por eso te estoy animando a que saltes de una vez y dejes de darme falsas esperanzas. Con ésta ya van diecisiete veces que has intentado saltar, pero un sitio no era el apropiado, en el otro olía raro, y así en todos salías con una excusa diferente. ¡Vamos! ¡Salta!

– Pero… ¿no es pecado el suicidio? ¿No estabas tú en contra?

– Oh vamos… yo llevo años… siglos… ¡MILENIOS! Intentando mataros a todos, pero cómo os resistís…, ya sabes… “Bicho malo nunca muere”.

El hombre se sentó muy lentamente en una roca, y se apretó fuerte los ojos. Las tres veces que los volvió a abrir, allí seguía Dios. La alucinación estaba durando demasiado, pensó.

– ¿Intentado matarnos?

– Pues claro hijo mío. Os he enviado plagas, la peste, enfermedades raras, y nada, ahí seguís. Mira… yo…. Cuando creé el planeta, bueno, todo el universo, ya sabes…. Hice unos animales preciosos, eran los niños de mis ojos. Unos paisajes que me hacían llorar, era todo muy tranquilo y bonito. Jugaba con mis animalitos, hasta creé a otros más pequeñitos para que se alimentaran. Pero un día, haciendo unas pruebas para crear otro animal fabuloso, ahí aparecisteis. Al principio me hicisteis gracia, tan pareciditos a mi pero en pequeñito. – Se rio un rato Él solo. – Pero luego… ¡Luego me lo destrozasteis todo! Me aniquilabais  animales, me destrozabais los paisajes. Hacéis mucho ruido, ¿Sabes?

– Pero… ¿Tú no nos amabas?

– Os odio. – Contestó fríamente.

– ¿No sacrificaste a tu hijo para salvarnos?

– ¡Malas interpretaciones vuestras! Yo deje a ese impertinente de chico que se creía mi hijo como aviso de lo que os pasaría a vosotros, pero no lo entendisteis. Sois demasiado ególatras a veces ¿no crees?

– ¿Aviso?

– Lo mismo pasó con Noé, ¡Animales! ¡Yo quería salvar a mis animales!, pero resististeis ¡Desgraciados! Pues, ¿no va el y se trae a la mujer? Yo solo quería que sobrevivieran mis animalitos.  Y así con muchas cosas más pero… al final he llegado a la conclusión que, como van las cosas, os matareis vosotros solitos antes que yo con mis avisos. Bueno, que no quería interrumpirte. ¡Salta! ¡Salta! ¡Vamos!, ¿quién es el campeón que va a saltar? – Esto lo dijo con el tono con que algunas personas hablan a los niños pequeños, como si fueran idiotas.

– No lo sé… no estoy yo muy seguro.

– Anda… deja que te ayude un pelín – Dijo alegremente y guiñándole un ojo. – Si vas a estar fenomenal muerto.

Y dicho esto levantó un dedo y las rocas en las que estaba sentado comenzaron a desprenderse. Lo último que vio antes de morir fue a Dios despidiéndose alegremente con la mano.

EL LIBERTADOR

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Tratan y tratan de convencerme de que lo que hago está mal, ¡que les jodan! ¿Asesinato, muerte antinatural? ¡Si es lo más natural del ser humano! Desde siempre el hombre ha matado por venganza, odio, desesperación o placer. La historia está manchada de sangre y, ¿aún quieren convencerme que es antinatural?

Otra vez pescado para comer, ¡qué asco! En esta puta cárcel no saben cocinar, ya sea pescado, carne, sopa; todo sabe a cenizas y encierro. Todo sabe a opresión. ¿Reintegración? ¿No ven la belleza detrás de todas esas mentes puras que siguen sus más puros instintos y matan, roban y agreden, cuando y como quieren?

¿Cómo me voy a arrepentir si lo que hago es liberarlos? Soltarles las cadenas que los atan y abrirles las alas para que vayan a un mundo donde la realidad no esté cargada de limitaciones. ¿Quién es libre dependiendo de un avión para poder volar?

¡Mierda, tengo que salir de esta celda! Ejercicio por las mañanas, reuniones por las tardes, ¡qué asco!. ¿Para qué? ¿Para ver a través de la valla hacia donde no podemos correr? ¿Para ver a través de la valla toda esa libertad que jamás volveremos a alcanzar? ¿Para ver a través de la valla que al menos aquí dentro estamos un poco más seguros del resto de la humanidad?

Pasan caras, pasan ojos, pasan cuerpos… todos vacíos, todos con faltas, todos inseguros. Yo les ofrezco una nueva oportunidad, una nueva libertad, que se eleven sus almas a un punto que jamás alcanzarían aquí.

¡Qué graciosa la expresión de ayer! Ella me miró con miedo, desde lejos, pero yo veía en sus ojos, en lo más hondo, ocultándose detrás de la repugnancia, una pequeña fascinación.

“¿Qué sentirá cuando está matando?” -seguro que se preguntaba-. “¿No te pesan en la conciencia todas esas muertes?”.

 ¡¿Qué va a pesarme otorgar libertad?! Sacarlos de este mundo podrido que nos ata y dejar a las almas volar.

Yo les ofrezco poder y en vez de agradecimiento, ¿qué me dan? Gritos y más gritos, siempre gritos, una mirada desfigurada por el horror. Deberían agradecerme, yo, su liberador. Pero no, todos le temen a ese ser tan bello que a todos nos llega, antes o después… ¿Qué mal hago? Yo, sufridor, que me quedo en este mundo solo por ayudar, por enseñarles el camino.

     “Hijo, ¿te arrepientes?”. “¿Qué ves en esta imagen?”. “¿Sientes ira?” “Cuéntame sobre tu infancia”. “¿Sientes deseos de matarme?”.

Cuando salga de estas cuatro paredes decoradas con barrotes, por donde nos enseñan la poca libertad que nos queda fuera; todos me escucharán, sabrán y entenderán que la muerte por asesinato es la más natural de todas, la que de verdad caracteriza al ser humano y le dota de libertad y pasión. La Belleza en estado puro. Yo lo llamaría arte.